Tesis de Licenciatura en Psicología | UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES | 2023 | Manuela Lori

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Facultad de Psicología
Tesis de Licenciatura en Psicología
La subjetivación en el dispositivo de urgencia
de un hospital público
Manuela Ernestina Lori
L.U. 360800170
Tutor de tesis: Daniel Melamedoff
DNI: 28987982

Índice:
Página
I. Introducción …………………………………………………………….. 2
II. Presentación del material clínico ………………………………….. 2-3
III. Planteo del problema…………………………………………………….4
IV. Hipótesis ………………………………………………………………… 4
V. Objetivos ……………………………………………………………………4
VI. Metodología…….……………………………………………………….5-6
VII. Marco teórico……………………………………………………………7-18
VIII. Estado del arte…………………………………………………………19-24
IX. Articulación teórico-clínica………………………………..……….25-30
X. Conclusión………………………………………………………………..31
XI. Bibliografía……………………………………………………………………………..32

I. Introducción:
Esta Tesis de Licenciatura se desarrolla en el marco de la cursada de la
Práctica Profesional del Área Clínica titulada “Clínica de la Urgencia”, siendo su
titular la Dra. Maria Ines Sotelo. Este recorrido será acompañado por un marco
teórico psicoanalítico con orientación lacaniana.
El caso clínico que acompañará dicho desarrollo teórico y con el cual se
apoyará la articulación se obtuvo en el área de Salud Mental de un Hospital General
del Conurbano Bonaerense en el dispositivo de Admisión. Los datos del paciente
serán modificados para preservar su privacidad.
En referencia al tema, esta tesis estará orientada a cómo se posibilita la
subjetivación en el dispositivo analítico de un hospital en un caso de urgencia. Al ser
un caso propio de una Práctica Profesional de la Facultad de Psicología de la
Universidad de Buenos Aires, se intentará plantear un posible camino desde el
ingreso en la urgencia, hacia la subjetivación de la misma.
A continuación, se hará un breve recorte del caso, y el planteo del problema
que fundamentan el recorrido seleccionado. Además, se plantea una hipótesis como
posible respuesta al interrogante. Luego, los objetivos a desarrollar y un recorte del
estado del arte antecedente a esta propuesta. Por último, el marco teórico en el cual
se sostiene la Tesis, su articulación teórico clínica y finalmente la bibliografía
elegida.
II. Presentación del caso clínico:
El caso clínico elegido se titula “Yo se que no tengo nada” y trata sobre A.,
una mujer de 60 años que se acerca al hospital, al área de Admisión. La paciente
comienza hablando de su depresión, como forma de presentación del padecimiento.
A lo largo de su vida, tuvo varias operaciones por cuestiones de salud pero
hay una en particular que la marcó desde hace unos años. Ella deseaba quedar
embarazada y no podía, por ende le realizaron una cirugía de ovario en donde le
quitaron un quiste. Esta cirugía, según la lectura de la paciente, resultó en una mala
praxis que la dejó en coma por varios meses. La paciente cuenta que desde ese
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momento, rechaza las cirugías debido a que tiene mucho miedo de volverse a
operar.
Actualmente, por razones de salud, le han comentado que debería volver a
operarse por un problema en los intestinos pero ella no quiere, “corre riesgo mi
vida”. Del relato de la cirugía de ovario dice que cuando despertó, su vida se
encaminó hacia un lado más espiritual y que solo deseaba ver a su marido. Sin
embargo: “nadie se daba cuenta que yo necesitaba tratamiento psiquiátrico”. La
analista pregunta: ¿Quién no se daba cuenta? La paciente responde: “nadie… mi
familia, mi marido”.
Como consecuencia de esto, dice haber perdido su matrimonio, ya que no
recibió ayuda: tenía ataques de ira, desmayos, tomaba mucha medicación y quería
evadir la realidad. Su vida cambió. A. dice que echó a su marido de su casa, él se
fue y no volvió. “Mi marido no sabía que yo estaba mal”.
Respecto a su familia de origen, comenta que sus padres se peleaban mucho
y que su padre golpeaba a su madre. Eso fue una decepción, ya que dice sobre su
padre: “era mi amor”. Tiene una hermana con quien no se llevaba bien en la
infancia, ella era maltratada. Cuenta que su hermana vivió una infancia normal pero
ella no. Con el término “normal”, se refiere a que su hermana recibió amor de sus
padres y ella no. “Lo normal es recibir afecto” dice la paciente.
En 2021, viajó a Italia con la idea de vivir junto con la familia de su hermana,
su único familiar cercano. Vendió todos los muebles y se fue “llena de ilusiones”.
Viajo con la idea de vivir en familia, ya que dice que nunca tuvo esa oportunidad.
Cuando llegó se encontró con otra realidad, la familia que ella esperaba no existía.
Recibió unas disculpas de su hermana por los malos tratos en su infancia.
Celebraron su cumpleaños, pero la paciente dice que no fue lo qué ella esperaba.
La analista interviene y pregunta: ¿Qué es lo que esperabas? La paciente responde:
“esperaba afecto”. Volvió a Buenos Aires con tristeza y se encontró su casa vacía.
Estuvo una semana sin salir, se sentía muy sola y desilusionada.
Actualmente se siente mal, dice que todo la angustia, que casi no puede
hablar del tema. Dice que quiere curarse porque sino va a “hacer un desastre”. En
una oportunidad, tomó un exceso de pastillas porque no aguantaba más y aunque
dice que fue para llamar la atención, nunca se le fue la idea de quitarse la vida.
Sabe que no puede salir sola de esta depresión y se siente muy confundida. Los
problemas que logra ubicar son: que no sabe qué pasó en su matrimonio, que volvió
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de Italia “con el corazón destrozado” y se pregunta la razón por la cual no pudo
darle hijos a sus padres. La psicóloga la interrumpe diciendo: ¿hijos? y ella
responde: “Perdón, nietos”.
III. Planteo del problema:
La pregunta que surge en la presente Tesis de Licenciatura es: ¿Cómo se produce
la subjetivación en el dispositivo analítico de un hospital en un caso de urgencia?
IV. Hipótesis:
La subjetivación, desde la perspectiva psicoanalítica lacaniana, se produce a través
de las intervenciones del analista, en vías de ubicar cuál es la posición de
enunciación en el paciente respecto a su padecimiento, cómo se produjo el fracaso
de la defensa y la aparición de la urgencia.
V. Objetivos:

  • Objetivo general: abordar la subjetivación de la urgencia en el dispositivo
    analítico en relación a un caso clínico de urgencia de un hospital
  • Objetivos específicos:
    ● Definir el concepto de urgencia en la clínica psicoanalítica
    ● Ubicar el punto de urgencia en el caso clínico.
    ● Localizar los dichos del paciente que dan cuenta de su posición
    subjetiva.
    ● Destacar cuales son las intervenciones del analista que sitúan la
    posición subjetiva del paciente.
    ● Ubicar en el material clínico cómo se podría producir la subjetivación
    en un caso de neurosis histérica.
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    VI. Metodología:
    Siguiendo a De Sousa Minayo (2004) se entiende por metodología al camino
    del pensamiento y de la práctica ejercida en el abordaje de la realidad. Para esta
    autora, la metodología incluye las concepciones teóricas del abordaje, el conjunto
    de técnicas que posibilitan la construcción de la realidad y el potencial creativo del
    investigador (De Souza Minayo, 2004, p. 14).
    En la misma línea, se sostiene que la investigación vincula pensamiento y
    acción. Nada puede ser intelectualmente un problema si no hubiera sido, en primer
    lugar, un problema de la vida práctica. Por ende, dichas cuestiones (las de
    investigación) se relacionan a intereses y circunstancias socialmente condicionadas.
    Son frutos de determinada inserción en lo real, encontrando en él sus razones y sus
    objetivos (De Souza Minayo, 2004, p. 14).
    Método:
    El método utilizado es el de la investigación de carácter cualitativo. La
    investigación es un conjunto de procesos sistemáticos, críticos y empíricos que se
    aplican al estudio de un fenómeno (Hernandez Sampieri, Fernández Collado, &
    Baptista Lucio, 2010).
    Siguiendo a este mismo autor, el enfoque cualitativo se guía por áreas o temas
    significativos de investigación. Pueden desarrollar preguntas e hipótesis antes,
    durante o después de la recolección y el análisis de los datos. La acción indagatoria
    se mueve en ambos sentidos: entre los hechos y su interpretación, y resulta un
    proceso más bien “circular”.
    La investigación cualitativa se preocupa por un nivel de realidad que no puede
    ser cuantificado. Trabaja con el universo de significados, motivos, aspiraciones,
    creencias, valores y actitudes, lo que corresponde a un espacio más profundo de
    las relaciones, de los procesos y de los fenómenos que no pueden ser reducidos a
    una operacionalización de variables (De Souza Minayo, 2004, p. 15).
    La metodología de investigación cualitativa entonces, implica una fase
    exploratoria de la investigación, tiempo de interrogación sobre el objeto,
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    presupuestos y teorías pertinentes y cuestiones operacionales y metodológicas.
    Luego le sigue el trabajo de campo, recorte empírico de la construcción teórica
    elaborada hasta el momento, para luego proceder al tratamiento del material
    recogido en el campo (lo cual involucra la ordenación, clasificación y análisis
    propiamente dicho) [(De Souza Minayo, 2004), p. 22].
    Diseño:
    El diseño es de carácter exploratorio, en pos de examinar un problema de
    investigación poco estudiado, así como también para aumentar el grado de
    familiaridad con dicho fenómeno. Se busca mediante este diseño, obtener
    información sobre la posibilidad de llevar a cabo una investigación más completa
    sobre el contexto presentado y que involucre un muestreo aún mayor. Además, se
    buscará identificar conceptos o variables promisorias y sugerir postulados
    verificables para investigaciones futuras.
    Universo y muestra:
    En la investigación cualitativa, la muestra es un grupo de personas, eventos,
    sucesos, comunidades, etc., sobre el cual se habrán de recolectar los datos, sin que
    necesariamente sea representativo del universo o población que se estudia
    [(Hernandez Sampieri, et al., 2010), p. 395] Ésta no busca generalizar resultados y
    tampoco es de carácter probabilístico.
    En el presente trabajo, por cualidades inherentes a la capacidad operativa de
    recolección y análisis determinadas por el contexto de investigación detallado
    anteriormente, se ha procedido a la realización de un estudio de caso. Se trata de
    un muestreo oportunista o por conveniencia, ya que se toma ventaja de una
    situación que se ha presentado al investigador para el desarrollo de un problema, a
    posteriori de la recolección de datos.
    Se trata entonces de un caso único (n = 1), usuario del servicio de consultorios
    externos, dispositivo de entrevistas de admisión en un Hospital de San Isidro.
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    Fuente para la recolección de datos:
    La recolección de datos se da lugar en un ambiente natural y cotidiano para las
    unidades de análisis. El proceso se desarrolla a través de una entrevista
    semidirigida por el profesional a cargo de la admisión y la recolección de datos a
    cargo del observador de participación silente (ya que no interactúa con el sujeto),
    quien redacta la viñeta que aquí se presenta.
    En investigación cualitativa, la observación participante implica un papel activo
    y una reflexión permanente, ya que el investigador mismo se encuentra sumergido
    en la situación a analizarse. Debe estar atento a los detalles, sucesos, eventos e
    interacciones y también tener siempre noción de su propia implicancia en dicha
    recolección de datos.
    VII. Marco teórico:
    En el campo de la psicología clínica, el psicoanálisis ha sido una de las
    corrientes teóricas más influyentes del siglo XX, siendo Freud el precursor de la
    misma.
    En referencia a la clínica psicoanalítica, Freud (1919) plantea que la tarea del
    analista es llevar al enfermo a tomar noticia de las mociones reprimidas, poniendo
    en descubierto las resistencias que se oponen a las ampliaciones de su saber sobre
    su propia persona. El objetivo es hacer consciente lo reprimido y poner en
    descubierto las resistencias para superarlas. Para lograr esa meta, se debe realizar
    un análisis de los síntomas y las manifestaciones patológicas del paciente. Los
    elementos de esta composición están constituidos por mociones pulsionales de las
    cuales el paciente no sabe nada sobre estas. Se deben reconducir los síntomas a
    las mociones pulsionales que los motivan y que son desconocidos para el paciente.
    Entonces, Freud (1917-1919) se pregunta: “¿El descubrimiento de esas
    resistencias garantizará también su superación? Por cierto que no siempre; pero
    esperamos alcanzar esa meta aprovechando la trasferencia del paciente sobre la
    persona del médico, para que él haga suya nuestra convicción de que los procesos
    represivos sobrevenidos en la infancia son inadecuados al fin y de que una vida
    gobernada por el principio de placer es irrealizable “ (p. 155).
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    A través del psicoanálisis se puede conducir a los pacientes a recordar y
    superar sus traumas pasados. Para Freud (1914), el signo distintivo de la técnica es
    tomar cómo bandera a la regla fundamental y la asociación libre. El paciente no
    recuerda nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como
    recuerdo, sino como acción, lo repite sin saber que lo hace. Repetir es una manera
    de recordar lo que está encubierto. Esta compulsión a la repetición es su manera de
    recordar.
    Por eso, el analista debe estar preparado para que el analizado se entregue a
    la compulsión de repetir, que le sustituye ahora el impulso de recordar. Mientras
    mayor sea la resistencia, tanto más será el recordar por el actuar (repetir).
    La cura empieza bajo una transferencia suave y positiva, que permite una
    profundización en el recuerdo, pero si en el ulterior trayecto esa transferencia se
    vuelve hostil, el recordar deja sitio enseguida al actuar. Según el caso clínico
    elegido, Freud (1914) comenta sobre los casos de histeria: “En muchos casos he
    recibido la impresión de que la consabida amnesia infantil, tan sustantiva para
    nuestra teoría, está contrabalanceada en su totalidad por los recuerdos
    encubridores. En estos no se conserva sólo algo esencial de la vida infantil, sino en
    verdad todo lo esencial. Sólo hace falta saber desarrollarlo desde ellos por medio
    del análisis” (p. 150).
    ¿Qué es lo que repite? El paciente repite sus inhibiciones, actitudes inviables,
    rasgos patológicos de carácter, y todos sus síntomas. El trabajo terapéutico,
    entonces, consiste en la reconducción al pasado. El paciente debe tener el coraje de
    ocupar su atención en los fenómenos de su enfermedad. “La introducción del
    tratamiento conlleva, particularmente, que el enfermo cambie su actitud consciente
    frente a la enfermedad” (Freud 1914, p. 154).
    Freud (1914), plantea que el principal recurso para domeñar la compulsión de
    repetición del paciente, y transformarla en un motivo para el recordar, reside en el
    manejo de la transferencia. “Le abrimos la transferencia como la palestra donde
    tiene permitido desplegarse con una libertad casi total, y donde se le ordena que
    escenifique para nosotros todo pulsionar patógeno que permanezca escondido en la
    vida anímica del analizado” (Freud 1914, p. 156.).
    El objetivo es darle a todos los síntomas de la enfermedad un nuevo
    significado transferencial. Se debe prestar atención a esos eslabones de causación,
    a esos nexos, fallidos y lagunas, o sea, prestar atención a lo que no tiene que ver
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    con el recuerdo, sino con el olvido: el agujero. En la práctica, esta reelaboración de
    las resistencias puede convertirse en una ardua tarea para el paciente, y en una
    prueba de paciencia para el analista.
    Freud (1916), plantea que la única tarea de la terapia consiste en posibilitar
    que el paciente y analista se encuentren en el mismo terreno, y para esto, el analista
    no debe educar ni ser mentor sino conducir al paciente para poder cancelar las
    represiones. “Lo que más ansiamos es que el enfermo adopte sus decisiones de
    manera autónoma” (Freud 1916, p. 394). El conflicto patógeno de los neuróticos se
    produce cuando hay una lucha entre mociones que se encuentran en distintos
    terrenos psicológicos, una parte queda en lo inconsciente y otra en lo preconsciente
    y consciente. “No somos, por cierto, reformadores, sino meramente observadores,
    pero no podemos dejar de mirar con ojos críticos…” Freud 1916, p. 395).
    Freud (1916) plantea que aquello de lo cual nos valemos en análisis no
    puede ser sino la sustitución de lo inconsciente por lo consciente. Al hacer que lo
    inconsciente prosiga hasta lo consciente, cancelamos las represiones, eliminamos
    las condiciones para la formación de síntoma y mudamos el conflicto patógeno en
    un conflicto normal que tiene que hallar de alguna manera su solución” (Freud 1916,
    p. 395).
    ¿Qué es lo que impulsa el trabajo analítico? La transferencia. Es lo que surge
    desde el inicio del tratamiento y constituye un resorte impulsor del trabajo. Freud
    (1916) dice que la transferencia surge: “En primer lugar, con la aspiración del
    paciente a sanar, que lo movió a avenirse al trabajo en común con nosotros; y en
    segundo lugar, con la ayuda de su inteligencia, que reforzamos mediante nuestra
    interpretación” (p. 397). Puede operar a favor del análisis o en contra, mudándose
    en resistencia.
    Los pacientes, luego de un tiempo, se comportan hacia su analista de una
    manera muy particular, desarrollando un interés particular. El trato con el paciente
    resulta durante un tiempo muy agradable en donde el análisis hace brillantes
    progresos, el paciente comprende lo que se le apunta, profundiza en las tareas que
    la cura le plantea. Pero ese tiempo no dura para siempre sino que aparecen
    dificultades en el tratamiento cuando el paciente asevera que nada más se le
    ocurre. Este es el momento en el que aparece la resistencia. Este es un fenómeno
    que está en relación con la naturaleza de la enfermedad misma.
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    “Superamos la transferencia cuando demostramos al enfermo que sus
    sentimientos no provienen de la situación presente y no valen para la persona del
    médico, sino que repiten lo que a él le ocurrió una vez, con anterioridad” (Freud
    1916, p 403).
    Siguiendo con otro autor, Lacan (1958), en relación a la teoría sobre la clínica
    psicoanalítica, apunta a que el psicoanalista no dirige al paciente sino que dirige la
    cura. “Consiste en primer lugar en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica, o
    sea, las directivas cuya presencia no podría desconocerse en el principio de lo que
    se llama la situación analítica…” (p.566).
    El psicoanálisis lacaniano debe ser estudiado como una situación entre dos
    que sucede bajo la experiencia de la transferencia. Es allí donde hay que buscar el
    secreto del análisis. Es con otro, no con la figura del analista. “Sin embargo, el ser
    es el ser, quienquiera que sea el que lo invoca, y tenemos derecho a preguntar qué
    viene a hacer aquí” (Lacan 1958, p. 567).
    La palabra tiene en ella todos los poderes especiales de la cura. Se debe
    dejar libre al sujeto hacia la palabra plena, aunque esta libertad sea lo que más le
    cueste tolerar. El sujeto es dirigido hacia la confesión del deseo e incluso
    canalizado. La resistencia a esa confesión puede consistir en la incompatibilidad del
    deseo con la palabra.
    Es por eso que Lacan dice que la clínica psicoanalítica es lo real que es
    imposible de soportar, un real que no es ajeno, ni lejano, sino un real padecido. El
    inconsciente es a la vez, la huella y el camino por el saber que lo constituye.
    Lacan (1958) propone un ordenamiento lógico de la dirección de la cura:
    “…un proceso que va de la rectificación de las relaciones con el sujeto con lo real,
    hasta el desarrollo de la transferencia, y luego a la interpretación…” (p. 578). Se
    trata de ubicar la posición del sujeto en relación a su síntoma, que a su vez tiene
    que ver con la realidad psíquica, con dejar de esconderse del síntoma, no quedar en
    la queja y reconciliarse con eso reprimido.
    Como afirma Lacan, la clínica psicoanalítica debe pasar por el desarrollo de
    la transferencia hasta la interpretación, el sujeto debe dividirse para tocar un punto
    de verdad que tenga que ver con la realidad psíquica, aunque esa verdad no sea
    exacta.
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    Además, Lacan (1958) plantea que el paciente debe hablar libremente, pero
    el sujeto en el análisis no muestra una gran libertad, porque la verdad asusta. Esa
    libertad es lo que más le cuesta tolerar. “Nada más temible que decir algo que
    podría ser verdad. Porque podría llegar a serlo del todo, si lo fuese, Dios sabe lo
    que sucede cuando algo, por ser verdad, no puede ya entrar en la duda” (Lacan,
    1958, p. 596). La palabra tiene todos los poderes especiales de la cura.
    Lacan (1958) propone que se debe conducir al sujeto a la confesión del
    deseo. “…la resistencia a esa confesión, en último análisis, no puede consistir aquí
    en nada sino en la incompatibilidad del deseo con la palabra” (p. 621).
    Lacan (1965) plantea que el analista debe poner el acento sobre lo que no se
    entiende, sobre el elemento no comprensible, darle lugar a aquello que no entra en
    el discurso común. Hay que respetar estrictamente la secuencia de lo dicho para
    que rompa las cadenas del relato, ya que lo interesante es la variación de ese
    relato. En esa diferencia están los bordes entre el inconsciente y la consciencia. “El
    inconsciente es los efectos que ejerce la palabra sobre el sujeto, es la dimensión
    donde el sujeto se determina en el desarrollo de los efectos de la palabra, y en
    consecuencia, el inconsciente está estructurado como un lenguaje” (Lacan, 1964, p.
    155).
    Al analista no le importa si lo que dice el paciente es verdadero o falso ya que
    lo que se diga podrá llevar a una sucesión. Lacan (1958) agrega: “…el inconsciente
    tiene la estructura radical del lenguaje que en él un material opera según unas leyes
    que son las que descubre el estudio de las lenguas positivas, de las lenguas que
    son o fueron efectivamente habladas» (p. 567).
    Para Lacan (1953) “el inconsciente no tiene sino un médium: la palabra del
    paciente” (p. 240). El inconsciente es la huella y el camino por el saber que
    constituyen, es saber. La repetición tiene que ver con esto, buscar las huellas que
    se repiten en el cuerpo, en los pensamientos y en los actos. El significante del
    inconsciente es significante gozante.
    La clínica, según Lacan (1965), es una elaboración de saber respecto del
    padecimiento. La idea es alcanzar el punto máximo donde el padecimiento es
    imposible de soportar. Esto se logra a través del inconsciente, que es un saber, la
    huella y el camino. “Es que hay siempre en el síntoma la indicación que él es
    cuestión de saber” (Lacan 1965, p. 5).
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    El paciente, cuando llega al tratamiento, es más bien un padeciente con
    actitud pasiva al momento de tratar de encarar responsablemente lo que a él le
    pasa, y buscar las razones y las causas. Esto se logra gracias a la transferencia: “La
    transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente” (Lacan, 1964 p
    155). El pasaje de paciente a analizante marca esa distancia, una línea divisoria que
    se produce cuando un paciente toma una posición mucho más activa, cuando se
    empieza a curar y se esfuerza para asociar, se convierte en analizante.
    Lacan (1958) plantea que el psicoanálisis es una clínica de la escucha y el
    analista va en dirección del acto de la palabra. Dice: “se observará que el analista
    da sin embargo su presencia, pero creo que ésta no es en primer lugar sino la
    implicación de su acción de escuchar, y que ésta no es sino la condición de la
    palabra” (Lacan 1958, p. 589). La clínica no es la experiencia de lo que le pasa a un
    paciente en un tratamiento sino que es una elaboración, que puede hacer el analista
    o el analizante. “Muy al contrario, el arte del analista debe ser el de suspender las
    certidumbres del sujeto, hasta que se consuman sus últimos espejismos” (Lacan
    1953, p. 244).
    Para Lacan (1965) el psicoanálisis opera sobre el síntoma y con el síntoma, y
    es a la vez, oponente y aliado. El síntoma es el campo de lo analizable, señala algo
    de la relación del deseo con el goce. “El síntoma. Sería necesario definirlo como
    algo que se señala. Como un sujeto que sabe que eso le concierne, pero que no
    sabe lo que es” (Lacan 1964-65, p. 7).
    Para el paciente, el síntoma es un huésped mal recibido, pero en análisis no
    tiene que quedar disimulado, sino que hay que tratar que se exprese lo más
    claramente. El síntoma aporta una indicación de saber, un significante en el cual
    puede representarse esa división subjetiva, como si fuera una huella para encontrar
    el camino de elaboración.
    Como se mencionó anteriormente, el analista es el responsable de dirigir la
    cura, o sea, tiene que ver si la demanda es analizable o no. Sobre esto, Lacan
    (1958) dice: «a medida que se desarrolla un análisis, el analista tiene que vérselas
    sucesivamente con todas las articulaciones de la demanda del sujeto, Pero además,
    como lo diremos más abajo, no debe responder ante ella sino de la posición de la
    transferencia» (p. 590).
    En los casos de neurosis, se trata al síntoma con el yo para eliminar eso que
    tiene de angustiante. Cuanto más neurótica es la respuesta del paciente, más
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    defensiva. Cuanto más está esta posición de no querer saber sobre el saber, más
    oculta puede quedar la angustia. La angustia es señal de donde está la verdad, lo
    real, el deseo. Para poder encontrar más que la verdad, el analista debe desplegar
    el síntoma en su relación con el inconsciente.
    Entonces, para Lacan, la condición para un buen análisis es que el sujeto se
    exprese como división subjetiva. Hay que introducir al paciente de que hay una
    verdad dando vueltas, y que hay una responsabilidad en lo que le pasa y en lo que
    padece aunque no sepa todavía de lo que se trata.
    Lacan (1958) se pregunta: “¿Quién es el analista? ¿El que interpreta
    aprovechando la transferencia? ¿El que la analiza como resistencia? ¿O el que
    impone su idea de la realidad?” (p. 565). El analista es el responsable inicial de
    tratar de producir la operación del síntoma, con el síntoma, o sea, introducir al
    paciente en el orden del deseo. Es responsable de recibir y de soportar el estatuto
    del síntoma. La forma en que se hace presente el síntoma puede inicialmente no ser
    analizable, es responsabilidad del analista.
    Además, Lacan (1965), introduce el concepto de sujeto supuesto saber. Este
    concepto habla de que el analista no es un sabio, por más de que se produce esa
    ilusión. Sin embargo, es una suposición de saber ficticia pero necesaria, que permite
    sostener esa operación del análisis de hacer que el síntoma se exprese como
    división subjetiva en algún significante a partir del cual se pueda hacer camino con
    esa pequeña huella. Se trata de un analista que abre el campo de la verdad, que se
    introduce en el orden del deseo por el hecho de que sostiene el supuesto saber.
    Para Lacan (1965), el procedimiento analítico parte del reconocimiento de lo
    que le ocurre al sujeto con el síntoma. Es necesario que el sujeto se percate que
    hay una causa para su sintoma. Para lograrlo, se necesitan varios procedimientos
    anteriores para que ese síntoma pueda ser abordable y analítico, se trata de ese
    momento que el sujeto se percata que eso le corresponde. «Por el intermediario de
    la demanda, todo el pasado se entreabre hasta el fondo del fondo de la primera
    infancia, Demandar el sujeto no ha hecho nunca otra cosa no ha pedido vivir sino
    por eso, y nosotros tomamos el relevo» (Lacan, 1958, p. 588).
    En los casos de neurosis, los síntomas se presentan como un nudo enredado
    que produce inhibiciones, y es en el análisis donde se debe intentar desenredar algo
    de esto, produciendo a su vez, consecuencias en el sujeto. A lo que apuntan los
    efectos analíticos es lograr una modificación de una posición subjetiva en relación a
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    su goce. Los efectos terapéuticos son los que aparecen más rápidamente, cuando
    todavía no se ha podido trabajar más de ello, pero el sujeto empieza a advertir su
    síntoma como algo en lo que él está implicado y empieza a modificar su conducta.
    Por otro lado, en relación a la clínica psicoanalítica, Miller (1997) se pregunta:
    “¿Qué significa, en psicoanálisis, que el psicoanalista se encuentre delante de
    alguien al que le gustaría ser un paciente? En realidad, en el análisis, no hay
    paciente en rebeldía consigo mismo. Se puede decir que el primer pedido en la
    experiencia analítica es la demanda de ser admitido como paciente” (p. 16-17).
    Miller (1997) plantea que el que viene a vernos como analistas no es un sujeto sino
    alguien a quien le gustaría ser un paciente.
    Y agrega: “es un hecho que el paciente, en la práctica psiquiátrica, puede ser
    designado por los otros, por la familia, por el médico, por la sociedad, por las
    instancias sociales que le dicen que ha de tratarse. Como ustedes saben, ése no es
    el caso en la práctica analítica” (Miller 1997, p. 16). Estas situaciones son
    recurrentes en el Hospital, cuando son derivados por otros y no una demanda
    propia. Sin embargo, hay muchos pacientes que se acercan por voluntad propia, y
    son ellos quienes sirven para la práctica psicoanalítica. “Consideramos que aquel
    que pide un análisis puede ser autorizado por el analista a entrar en la experiencia.
    Esta cuestión aparece en el inicio de cada experiencia analítica, a partir del primer
    minuto, a partir del primer encuentro, hasta de la primera llamada telefónica” (Miller
    1997, p. 18).
    Miller (1997) divide la experiencia analítica en tres niveles: la avaluación
    clínica, la localización subjetiva, y la introducción al inconsciente. Entre los primeros
    dos está la subjetivación, y entre el segundo y tercero la rectificación. En primer
    lugar ”el analista debe ser capaz de concluir, de una manera previa, algo respecto
    de la estructura clínica de la persona que viene a consultarlo. El analista debe
    responder, a partir de las entrevistas preliminares, las siguientes preguntas: ¿Se
    trata de una neurosis? ¿Se trata de una psicosis? ¿O se trata de una perversión?”
    (Miller 1997, p. 20).
    Respecto al primer nivel, la avaluación, Miller (1997) plantea que esta es
    hecha por el paciente, es él el que primero avala su síntoma. “Él llega al analista en
    la posición de hacer una demanda basada en una auto-avaluación de sus síntomas,
    14
    y pide un aval del analista sobre esa auto-avaluación” (Miller 1997, p. 17). Esta
    situación ya es en sí un acto analítico.
    Siguiendo, a nivel de la localización subjetiva, Miller (1997) plantea primero
    se debe ir de los hechos a los dichos y a su vez se debe cuestionar la posición que
    toma aquel que habla con relación a sus propios dichos. Hay que localizar el decir
    del sujeto, su enunciación. “Puede ser el mismo dicho, pero hay una distancia entre
    el dicho y el decir. Alguien puede decir alguna cosa sin creer completamente lo que
    dice” (Miller 1997, p. 39). Esto permite poder ubicar la posición subjetiva del sujeto.
    En la práctica, se puede permitir que el sujeto realice algunos engaños y no ir
    a buscar inmediatamente la verdad o marcar que hay una contradicción. “Al
    contrario, el analista puede permitir, principalmente en las entrevistas preliminares,
    que continúe mintiendo un poco en sus propios dichos” (Miller 1997, p. 41). Sin
    embargo, el poder distinguir entre el dicho del paciente y su posición con relación a
    ese dicho, permite la aparición del propio sujeto.
    Dentro de un análisis, Miller (1997) plantea que la localización subjetiva es
    donde se introduce al sujeto en el inconsciente. Es fácil decir la verdad cuando se la
    conoce, pero dentro de un análisis: ”la verdad más aguda que surge es… que no
    podemos conocerla” (p. 41). Y este problema aparece con la regla analítica de decir
    todo lo que se le ocurra.
    En relación a la neurosis, Miller (1997) dice sobre los sujetos histéricos: “…el
    esfuerzo de decir la verdad los lleva a la imposibilidad de decirla, y eso constituye
    un sufrimiento” (p. 41). Miller, en referencia a Freud, dice que la negación es un
    índice del inconsciente. “…El neurótico no puede aceptar el deseo sin la marca de la
    negación sobre éste” (p. 43). Lo que cambia en la perspectiva analítica es que el
    sujeto utiliza la palabra para engañar a otro pero, fundamentalmente, se engaña a sí
    mismo. “El propio hecho de decir «no» es la prueba del «sí». Una vez más, eso no
    tiene sentido en el registro de la objetividad” (Miller 1997, p. 45).
    Miller (1997) plantea al sujeto como una caja vacía o un lugar vacío donde se
    inscriben las modalizaciones. Ese vacío denota el lugar de la propia ignorancia del
    paciente. Y este, muchas veces no sabe lo que dice: “es el propio lugar del
    inconsciente” (p. 57). “A veces un paciente busca a un analista para, finalmente,
    saber si alguien puede entender lo que él dice” (p. 55). Esta intervención analítica es
    conducida en la localización subjetiva, ya que es donde se ve esta caja vacía y
    donde se inscriben las variaciones de la posición subjetiva del paciente.
    15
    ¿En qué sentido el sujeto habla en su propio nombre? Miller (1997) responde:
    “el sujeto puede venir, por ejemplo, hablando en nombre de su pareja, en nombre de
    su familia, a quien atribuye el dicho de que sus síntomas ya no son soportables” (p.
    49). Una palabra puede ser la repetición del discurso de Otro, por ende, la cadena
    significante es polifónica, son varias las voces que hablan, se habla modificando
    continuamente la posición de sujeto.
    El sujeto, muchas veces espera la palabra del analista para que pueda
    curarlo, pero este “no tiene bendiciones que dar, pero puede… introducir al sujeto
    en un acuerdo entre el dicho y el decir, de tal manera que pueda aproximarlo a decir
    lo que desea (Miller 1997, p 60). ¿Cómo se logra? Reformulando la demanda,
    dirigiendo al paciente al encuentro con el inconsciente.
    Esta es la tarea del analista, transformar a la persona que llega en un sujeto
    e intentar que se produzca un cambio en la posición del mismo. Y con esta acción,
    se llega al último nivel planteado por Miller: la introducción al inconsciente. “La
    introducción al inconsciente es, en realidad, una introducción a la falta en ser. El
    sujeto es una falta en ser, no tiene sustancia…” (Miller 1997, p. 66).
    Miller (1997) plantea que el neurótico no está satisfecho con el hecho de
    existir como ser, vive su existencia como falta en ser y quiere justificar al Otro que lo
    escucha. A través del acto analítico, se intenta conducir al sujeto a que se implique
    con las cosas de las cuales se queja. Para Lacan, cuando se lograba ese pase de
    quejarse de los otros a quejarse de sí mismo, lo llamaba rectificación subjetiva.
    “Lacan llamaba rectificación subjetiva cuando en el análisis el sujeto aprende
    también su responsabilidad esencial en lo que ocurre. La paradoja es que el lugar
    de la responsabilidad del sujeto es el mismo del inconsciente” (Miller 1997, p 70).
    Miller (1997) llama histerización al proceso en el que el sujeto histérico toma
    distancia con relación a todo dicho. El sujeto histérico pone en cuestión al
    significante, al Amo. Él va a buscar al Amo para demostrarle que, a partir de su
    propia posición de falta en ser, es más potente que el propio Amo. “Pues al mismo
    tiempo que el sujeto se coloca en situación de absoluta falta, espera algo del otro,
    algo que él no tiene, pero, que en realidad tal vez tenga” (Miller 1997, p. 75).
    El histérico es un sujeto orientado hacia Otro, que pide al Otro. “La histérica
    le demuestra que él es enteramente incapaz de hacer cualquier cosa por ella.
    Constituye al Otro como Amo y, al mismo tiempo, le demuestra que a partir de su
    16
    propia falta en ser, es más poderosa que el Otro, a pesar de todo lo que éste tenga”
    p. 75).
    ¿De donde viene la neurosis? Soler (1985), en referencia a Freud, mantiene
    la idea de que la enfermedad aporta una satisfacción y es en sí una solución, que
    hay un beneficio. “La solución neurótica es una solución que no es ni el
    renunciamiento ni la sublimación. Es lo que Freud llama una solución de
    compromiso. Para dar una traducción un poco trivial, es querer ganarlas todas”
    (Soler 1985, p 115).
    El objetivo de un análisis es lograr la subjetivación del síntoma, y esto
    consiste en pensar que una dificultad cualquiera del sujeto, un dolor, un sufrimiento,
    una imposibilidad, una inhibición, tiene un sentido, es decir que pertenece al campo
    del sujeto y concierne al sujeto. Sin embargo, “…como dice Lacan el estatuto normal
    del sujeto es el “no pienso”. No pienso, no pienso al inconsciente, no pienso el
    sentido de lo que me pasa, el sentido incluso de lo que hago” (Soler 2007, p. 241).
    Soler (1985), dice que el neurótico tiene un rechazo a elegir, porque elegir
    una opción implica renunciar a otra. El neurótico no es un sujeto que ha elegido sino
    determinado por una elección. “Es un sujeto que ha rechazado elegir entre pulsión y
    defensa”. (p. 117). Si hubiera elegido no hubiera enfermado.
    La elección de la neurosis implica la elección sobre el goce, “…lo que se goza
    es una verdad” (Soler, 1985 p. 118). Y esto conforma el síntoma. El tipo en la
    neurosis, en términos freudianos, depende de la modalidad de la defensa, y esta,
    modifica al sujeto. En todas las neurosis se encuentra una defensa contra los
    contenidos edípicos, una defensa motivada por la angustia de castración. En
    síntesis, el fantasma en la neurosis, da respuesta a la pregunta por el deseo del
    Otro.
    ¿Qué determina el tipo de neurosis de cada sujeto? Soler (1985), va a decir
    que la histeria y obsesión no tienen que ver con las experiencias vividas, ni con los
    acontecimientos, ni traumatismos, sino por algo constitucional.
    Particularmente hablando de la histeria, por el caso clínico elegido, Soler
    (1985), va a definirlos como sujetos que asumen su división y “…hace más que
    asumirla: hace de ello un estandarte y opera en su nombre” (p. 121).
    El sujeto histérico exige una verdad, y esta posición es en sí reveladora,
    porque hace aparecer la castración del Otro, del ser y del saber. Estos sujetos se
    17
    completan con la falta del Otro, con lo que Lacan llama el vacío de deseo. Este
    vacío es propio del sujeto, y en la histeria se completa con otra falta. Soler (1985) va
    a decir que el histérico necesita otra falta para obturar la propia. “La histérica-amo
    ¿de que? Amo del Otro, del deseo, del saber” (Soler 1985, p.122). El beneficio de
    esto está del lado del ser, ya que el sujeto histérico se aloja en la inconsistencia que
    él mismo provoca. Sin embargo, hay un punto de angustia y es que esa falta de
    significante en el Otro puede producir cierto goce.
    Además, la histérica es un sujeto que rechaza los significantes cuando se
    trata de identificarse allí. Es un sujeto de la negación, «Eso es el “no” dicho a la
    petrificación por el significante identificatorio. Pero hay también un “no» dicho al S2
    del saber” (Soler 1985, p. 124).
    El sujeto histérico padece su posición, se formula por el “estoy vacío”, y el “no
    se”. Tienen un sentimiento de que la apropiación de un saber le es prohibido o
    imposible. Estructuralmente hay represión y por consecuencia nada de lo que dice
    es todo verdad. “Si hay un sujeto para quien uno no puede contar con la palabra
    plena es el sujeto histérico” (Soler 1985, p. 124).
    ¿Cómo se cultiva el inconsciente en la entrevista con un paciente? Soler
    (2007), plantea que hay un rechazo natural del inconsciente, “la entrada en análisis
    implica un consentimiento al esfuerzo, al trabajo de intentar reconocerse en el
    inconsciente, en la estructura” (Soler 2007, p. 243). La producción del inconsciente
    en el análisis finalmente se resume en la producción de un pequeño conjunto de
    significantes y la experiencia del agujero.
    18
    VIII. Estado del arte:
    El concepto de urgencia es un tema central en la teoría de Sotelo. Dentro de
    un hospital, se cuenta con servicios de urgencia que incluyen el área de guardia y el
    área de admisión. Sotelo (2015), plantea que los sujetos que llegan a estos servicios
    están bajo el efecto de un trauma, un pasaje al acto o una emergencia súbita de lo
    real. “Definimos como consulta de urgencia a la que se realiza sin cita previa, debido
    a que quien consulta, paciente o quien lo trae, considera que el padecimiento
    requiere atención inmediata” (Sotelo 2015, p. 65).
    Sotelo (2015) plantea que una persona se acerca a una admisión cuando la
    homeostasis de su vida se ha quebrado y el hecho traumático lo compromete
    subjetivamente. La urgencia se produce cuando se rompe el equilibrio que sostiene
    distintas áreas de la vida: las relaciones con los demás, el trabajo, los lazos
    amorosos, familiares, con los pensamientos y con el propio cuerpo. Pueden llegar a
    la consulta sujetos que están angustiados, desbordados, atravesados por una
    urgencia. “Una vez que se ha producido un quiebre en la vida de un sujeto es
    imposible volver a un estado anterior” (Sotelo 2015, p. 97).
    “Esta ruptura guía al sujeto por diversos caminos: desde la inhibición,
    mutismo o aislamiento hasta la impulsividad, senderos que pueden conducirlo a
    actos desesperados que en muchas ocasiones podrían poner en riesgo su vida o la
    de otros” (Sotelo 2015, p. 67). La urgencia, generalmente, se presenta cómo un
    dolor o sufrimiento insoportable que pone en crisis toda la relación del sujeto con el
    adentro y el afuera. “…lo imposible de soportar es el quedar inmerso en la repetición
    de lo mismo donde la dimensión del sujeto aparece totalmente arrasada” (Sotelo
    2007, p. 25).
    A la urgencia, Sotelo (2007) la va a dividir en dos tipos: la urgencia
    generalizable y la urgencia subjetiva. Por un lado, la urgencia generalizable es un
    conjunto de síntomas clasificados como comunes que, en principio, no dicen nada
    del sujeto. “La urgencia generalizada habla de un traumatismo, tanto en el nivel de
    lo colectivo como en el de lo singular, donde se encuentra una impotencia del
    discurso a la hora de leer el acontecimiento” (Sotelo 2015, p. 69).
    Por otro lado, se habla de urgencia subjetiva cuando se refiere al sujeto
    barrado, o sea, la relación que se produce entre él y lo que le acontece. Es el modo
    en el que transita esta angustia o padecimiento. Es “…la que aparece en aquellos
    19
    casos en que la misma compromete al sujeto quien tiene una percepción íntima de
    que eso le concierne, más allá de la opinión del profesional acerca de la gravedad
    del caso” (Sotelo 2015, p. 65). Para Sotelo (2015), esta aparece en aquellos casos
    en que la misma compromete al sujeto, quien tiene una percepción íntima de que
    eso le afecta.
    La primera pregunta que surge cuando aparece una persona en una consulta
    es: ¿de quien es la urgencia? Es frecuente que a las guardias o admisiones llegue
    el supuesto paciente acompañado de familiares, amigos, vecinos, una orden judicial,
    las quejas de los maestros, quienes, muchas veces, parecen más afectados que el
    sujeto mismo. Sin embargo, según Sotelo (2015), lo mejor que podemos encontrar
    en el sujeto es la propia angustia. “Los sujetos a través de la urgencia se presentan
    ante el Otro conminándolo a encontrar una salida a su malestar, tratando de obtener
    una respuesta, signada por la prisa…” (Sotelo 2015, p. 145).
    Sotelo (2009) refiere que no se puede buscar al sujeto en la objetividad ni en
    lo observable, ya que no basta con la descripción de los hechos sino que se
    necesita ubicar de qué modo afecta el síntoma. La autora sostiene que la presencia
    de un analista invita a construir un relato, a localizar la aparición de la urgencia y su
    relación con los acontecimientos de la vida, posibilita empezar a armar una trama,
    uniendo un significante con otro, en donde la urgencia comienza a hacerse propia.
    “La invitación a construir un relato, a localizar la aparición de la urgencia y su
    relación con acontecimientos de la vida, posibilita comenzar a armar una trama,
    ligando S1 y S2, la urgencia comienza a hacerse propia” (Sotelo 2009, p. 27).
    Sotelo (2015), plantea que el objetivo de cada profesional está ligado a
    generar un espacio diferente en cada caso y así lograr el alivio subjetivo,
    resolviendo la consulta sin considerar el tiempo que requiera. El analista debe
    orientar al paciente para que pueda vincular lo que le sucede actualmente con
    momentos cruciales de su historia, formulandose algunas hipótesis provisorias.
    Varias preguntas por parte del profesional posibilitan que el sujeto ubique ciertos
    significantes que se enlazarán luego en la transferencia.
    Según Sotelo (2015), la consulta de urgencia en salud mental puede
    considerarse una oportunidad para el comienzo de un análisis. De esta manera, la
    atención a la urgencia forma parte de las entrevistas preliminares. Estas entrevistas
    abarcan el tiempo que transcurre entre la primera consulta con un analista hasta el
    comienzo del análisis. “…pues la sola entrada en el discurso analítico produce un
    20
    efecto terapéutico: apaciguamiento de los estados de pánico, sedaciones de
    angustia o postergación de los pasajes al acto” (Sotelo 2007, p. 27).
    Según Belaga y Sotelo (2009), los servicios de urgencia atienden con mayor
    frecuencia patologías tales como crisis de ansiedad, pánico, angustia, conducta
    violenta, y riesgo de suicidio, anadiendo todas las relacionadas con la ingesta de
    tóxicos. Además, “la angustia traumática -ese afecto que no engaña-, es uno de los
    motivos más frecuentes de consulta en la urgencia” (Belaga, Sotelo 2009, p. 34).
    Parece un sujeto que llega más cerca del grito que del llamado, ante la emergencia
    de lo real sin ley, en oposición a un mundo.
    Sotelo (2015) sostiene que para el psicoanálisis la urgencia está íntimamente
    ligada al concepto de sujeto. Toda consulta supone un punto de urgencia que
    requiere la intervención de un analista para que emerja la dimensión del sujeto de la
    urgencia. “La urgencia en psicoanálisis implica introducir la dimensión del sujeto: el
    analista supone un sujeto, apuesta a su emergencia, siendo esta la particularidad
    que lo diferencia de otros paradigmas” (Sotelo 2015, p 170).
    Si un sujeto llega a la institución es porque algo dejó de pertenecer al terreno
    privado y a partir de cierta situación de urgencia algo se atraviesa y pasa a lo
    público. Según Sotelo (2007), el movimiento que el psicoanálisis propone es ubicar
    la relación que tiene ese sujeto con su padecimiento. Esto necesita primero la
    localización de su posición como sujeto. “A través de la maniobra del analista podría
    producirse alguna rectificación para que el sujeto pueda reconocerse en eso que
    aparece como ajeno: su síntoma, o lo que le llega por vía del juzgado” (Sotelo 2007,
    p. 36).
    Según Sotelo (2015), la cura implica la reducción del exceso de sufrimiento y
    el saber hacer con ese resto incurable propio del sujeto humano. “Por la vía del
    encuentro con el analista, aún en la institución, el sujeto puede empezar a
    apropiarse de su sufrimiento, a hacerse responsable de sus actos y de aquello que
    parece estar condenado por la repetición eterna” (Sotelo 2007, p. 37). El movimiento
    que se propone es el de correr al sujeto del lugar de víctima hacia un lugar de
    hacerse responsable.
    Cuando un sujeto entra en análisis, hay un significante que lo representa,
    según Lombardi (2008). A través de la interpretación, se induce al sujeto a su
    división. “El desciframiento en que consiste la interpretación introduce al sujeto
    21
    dividido entre los significantes de la asociación” (Lombardi 2008, p 8). Los efectos
    de esa interpretación producen el entendimiento de la cura.
    Durante un análisis, Lombardi (2008), en referencia a Freud, marca que
    habría que esperar el florecimiento de la transferencia antes de interpretar, ya que
    hay un tiempo para la interpretación y este no debe ser demasiado pronto. A su vez,
    la interpretación es condición de la transferencia. Se busca situar el punto genuino
    en el que el deseo del analista opera en la interpretación en su primer encuentro con
    el sujeto. “…el paciente no advierte que lo que induce o activa su división es ese
    deseo introducido por la interpretación, que lo que allí angustia es el deseo del Otro,
    en este caso el Otro es el analista” (Lombardi 2008, p. 8).
    La interpretación, a su vez, alivia la angustia del paciente a través de la
    suposición de saber. El sujeto supuesto saber es el nombre estructural propuesto
    por Lacan, y a lo que Freud llamó transferencia. “El sujeto saber es la ficción que
    encubre que el vínculo analítico no es más que un lazo entre el analista como deseo
    y el sujeto dividido” (Lombardi 2008, p. 8). Este concepto hace creer que se sabe
    sobre la significación del síntoma encarnado por la división del sujeto. El analista no
    sabe, pero su deseo posee alguna significación del significante del síntoma. “A
    través de la interpretación se puede dar un sentido a algo que para el sujeto no lo
    tenía” (p.8).
    La transferencia es efecto de la interpretación. Así mismo, la interpretación
    obtiene respuestas que permiten verificar la posición del sujeto respecto a su
    síntoma, y es ahí donde se quiere llegar en un análisis para poder ubicar la
    subjetivación del paciente. “Porque ya antes del desarrollo de la transferencia, si es
    prudentemente formulada, la interpretación obtiene respuestas que permiten
    verificar la posición del sujeto en relación a su síntoma, incluso modificarla, cómo es
    el caso de las que producen la rectificación subjetiva en el comienzo del análisis”
    (Lombardi 2008, p.10).
    ¿Qué estructura debe tener la interpretación para producir esos efectos, la división
    del sujeto, y su correlación con el saber? Lombardi (2008) responde: “lo
    fundamental es que la interpretación no debe ser una demanda, sino, por así
    decirlo, la mitad de una demanda. La demanda es un decir que se distribuye entre
    dos niveles, enunciado y enunciación” (p 9). Lacan señala que una interpretación es
    verdadera sólo por sus consecuencias o por el material que irá surgiendo tras ella.
    22
    Lombardi (2008) plantea que si para que haya análisis se requiere del
    establecimiento de la transferencia, la misma no se consolida sin la interpretación.
    El deseo del analista opera efectivamente en la interpretación desde el primer
    encuentro con el sujeto y ese deseo activa la división del sujeto. “Es por ser una
    demanda rota que la interpretación es la más eficaz invocación de lo enigmático e
    incomprensible del deseo…” (Lombardi 2008, p 10).
    Para Freud, como se mencionó en el marco teórico, la neurosis surge de un
    conflicto entre la pulsión y la defensa. La defensa fracasa y la pulsión logra una
    cierta satisfacción, o lo que posteriormente Lacan va a llamar goce. La idea de
    Torres (2014), es que durante un analisis “…es necesario, entonces, que algo haga
    behajung para que sobre ello recaiga la represión y lo reprimido retorne luego por la
    via de las formaciones del inconsciente: los sueños, los lapsus, los actos fallidos, los
    síntomas, los chistes, tal como ocurre en el neurótico” (Torres 2014,p. 19).
    En relación a la neurosis, y en particular por el caso clínico elegido, Torres
    (2014) va a definir a la neurosis con el concepto de falta en ser, que implica una
    búsqueda constante de la falta en el Otro. “Si pensamos la estructura misma de la
    neurosis en el grafo del deseo, vemos que el lugar del Otro nunca se completa
    totalmente, nunca se cierra. El Otro siempre lleva incluida una falta…” (Torres 2014,
    p. 17). La represión se constituye así como un modo de saber del sujeto, aunque él
    no sepa que sabe sobre la falta en el Otro.
    Torres (2014) en referencia a Lacan sitúa a la neurosis como una clínica de
    las preguntas, el neurótico todo el tiempo se hace preguntas, pero la principal es:
    ¿Quien soy yo para el Otro? Siempre una histérica está en la posición de querer
    saber y especialmente, saber la verdad. “La neurosis es siempre una respuesta a la
    falla, a la falta, al agujero en lo real que produce, para cada uno, el encuentro con la
    sexualidad” (p. 39).
    El paradigma de la histeria es el deseo insatisfecho, por eso, en estos casos
    el sujeto histérico desea barrar al amo, castrarlo. “La histérica sabe que el Otro está
    barrado pero es por la vía del amor que busca que el Otro le de el ser” (Torres 2014,
    p. 89). Esto nos demuestra que la palabra humana es siempre una palabra que
    demanda amor. Según Lacan, el sujeto trata siempre de recibir la respuesta del Otro
    a su demanda de amor y, en la histeria, es especialmente aparatoso.
    23
    Siempre se trata del deseo de deseo y de sostener su deseo insatisfecho. En
    la histeria, el sujeto se ocupa muy bien de que haya algo que no sea fácil de
    obtener, por lo cual mantiene vivo el deseo de ella y el del Otro. “Cómo la histérica
    sabe que puede ser capturada por el deseo del Otro, trata de inventarse siempre un
    deseo insatisfecho que la deje un poco al reparo de ese deseo; quiere constituir un
    Otro, que no se corresponda totalmente a la satisfacción recíproca de la demanda,
    porque sabe del deseo y quiere impedir que su deseo sea completamente capturado
    por el Otro” (Torres 2014, p. 48).
    En relación a la entrada en análisis y la transferencia, Torres (2014) plantea
    que si bien la primera impresión puede ser que la histérica está muy dispuesta al
    análisis, siempre va a estar dispuesta a encontrar la falta. “La posición que tenemos
    de entrada en cualquier análisis de una histérica es que viene a denunciar que hay
    alguien que ha causado el desorden de su mundo del cual ella es la víctima y no lo
    ha causado” (p. 81).
    La dirección de la cura conduce a separar el deseo de la demanda, el
    objetivo es acceder al deseo. Suele suceder que en la histeria “…muchas creen que
    lo que piden es lo que desean y cuando se lo dan, descubren que no era eso. Pero
    como muchas veces logran que no se lo den por mucho tiempo, siguen creyendo
    que lo que piden es lo que desean” (Torres 2014, p. 47). Deseo y demanda son
    incompatibles entre sí.
    A esto apunta el efecto de la rectificación subjetiva: “el sujeto se implica en el
    desorden del cual se queja, se responsabiliza del desorden en el que vive” (Torres
    2014, p. 84). El psicoanálisis pretende cambiar el pasado porque privilegia la historia
    por sobre el desarrollo, que no es cronológico ni evolutivo. “…quizás no podemos
    cambiar el futuro de un sujeto, pero sí cambiar su pasado” (Torres 2014, p. 40).
    24
    IX. Articulación teórico-clínica:
    La paciente del caso clínico elegido se acerca a pedir ayuda al Hospital, ya
    que dice no aguantar más su situación anímica actual. Sin embargo, durante varias
    intervenciones del analista, se puede observar, esto que se remarco más arriba
    sobre Freud (1914) respecto al síntoma como satisfacción sustitutiva o paradójica.
    Dentro del relato de A. puede verse que hay algo de satisfacción en su
    padecimiento, o goce, cómo diría Lacan. Se presenta algo repetitivo, un
    estancamiento o fijación de un estado anímico que le produce angustia. Pero esta
    angustia es, a la vez, satisfactoria.
    Desde el primer momento que la paciente llega a la sesión, comienza a
    hablar sobre lo que le sucede, por lo tanto se aplica la regla fundamental del
    psicoanálisis. La analista solo la interrumpe para aclarar algunas cosas que va
    diciendo, pero en líneas generales, es una paciente que puede poner en palabras lo
    que la angustia.
    Por otro lado, Freud (1916) hablaba sobre el impulso de repetición al
    momento de hablar en sesión, este impulso de actuar o poner en acto una situación
    del pasado. Hay algo en el relato de la paciente que la ubica en un lugar de víctima
    con su entorno. Este “recuerdo” de que ella fue la víctima de sus padres en su
    infancia, o la víctima de un mal trato de su hermana. Con esta misma posición de
    víctima llega a la consulta en el Hospital, cuando comenta que fue víctima de los
    médicos en su cirugía, o de su marido que no la contuvo y la abandonó.
    La tarea del analista es poder lograr el paso de lo inconsciente a lo
    consciente, poder darle un nuevo significado a su síntoma. Se repite una y otra vez
    el mismo significante “víctima”. El analista, con la transferencia, debe darle el lugar
    para que la paciente pueda poner en juego estas repeticiones y así, sus síntomas
    tengan un nuevo significado transferencial. Aquí comienza el trabajo de
    reelaboración, reconducir lo que se está repitiendo en el presente, al elemento del
    pasado al que verdaderamente corresponde. Habría que seguir escarbando el
    pasado de la paciente para ver en qué momento se ubico en ese lugar de
    vulnerabilidad respecto a los otros.
    Además, según Freud (1916), primero se instala la transferencia y luego se
    produce la entrada en el análisis. Podría pensarse que, en este caso, hay
    establecida una transferencia previa con la institución, ya que la paciente se dirige al
    25
    Hospital en búsqueda de ayuda. Sin embargo, no puede hablarse de una
    transferencia propiamente dicha, ya que esta no se establece en una sola entrevista
    de admisión, se intentará la instauración de la misma durante las entrevistas
    preliminares o tratamiento de ensayo, cómo lo llamaría Freud (1913).
    Hay una voluntad propia de la paciente en búsqueda de ayuda. Esto es a lo
    que Miller (1997) refiere con ser designado como paciente en un análisis, no fue por
    pedido de un otro. Es ella quien se acerca al inicio de esta experiencia analítica.
    Este hecho ejemplifica también, el concepto de sujeto supuesto saber de Lacan, en
    donde el sujeto se dirige hacia un análisis en búsqueda de un saber, de una
    respuesta que calme su angustia o padecimiento. Hay una idea de que en ese
    Hospital al que fue, le van a dar la solución a sus problemas. Y ese hecho en sí ya
    es terapéutico.
    Hay un tema en particular que produce cierta traba a la palabra de la
    paciente, quien venía hablando con total fluidez sobre su padecimiento, y es cuando
    habla sobre lo sucedido en Italia con su hermana. Según Lacan (1958), se debe
    conducir al paciente a la palabra plena, hacia la confesión de su deseo, pero esto
    implica para la paciente una cierta laguna en su relato. La paciente no puede ubicar
    de forma precisa qué es lo que esperaba de su hermana durante su mudanza. En
    este hecho se puede pensar en lo que Lacan llamaba la incompatibilidad del deseo
    con la palabra. Esta libertad para hablar le termina resultando difícil, hay una traba
    en esa confesión, puede pensarse en el miedo de decir esa verdad que podría ser
    definitiva. Hay un resguardo, una limitación en las respuestas de la paciente en
    relación a ese tema.
    A esto se refiere Lacan (1965) con respecto a que el analista debe poner foco
    en lo incomprensible, en la cadena rota del relato para ver el surgimiento del
    inconsciente. La analista del caso indaga más de una vez respecto a qué significa el
    afecto para la paciente, intenta de varias maneras preguntarle qué es aquello que
    espera del Otro para poder rescatar, de alguna manera, algo de eso reprimido. Es
    solo a través de la palabra de A. como se podrá llegar a ese punto, como decía
    Lacan (1965), la palabra es el medium del inconsciente.
    A través de las intervenciones, de las preguntas, la analista podría llegar a
    cuestionar las certezas que tiene la paciente respecto a su padecimiento, y es ese el
    comienzo de un análisis, hacia donde se direcciona la cura. Ahí comienza su
    división subjetiva, cuando logra asumir cierta responsabilidad en aquello que le
    26
    pasa. Como se mencionó anteriormente, la paciente se presenta desde un lugar de
    víctima donde no parece asumir un rol activo frente a lo que le sucede, sino como
    una persona que desconoce las razones de sus desventuras.
    En las entrevistas preliminares, Miller (1997) plantea que el analista debe
    hacer alguna presunción respecto a su estructura. En el caso clínico seleccionado,
    la analista sostuvo que podría tratarse de una neurosis, por lo escuchado en el
    relato: un claro interés sobre el deseo del Otro, cuestiones repetitivas sobre el amor
    y sus vínculos, preguntas que se hace a sí misma y dudas sobre todo.
    La experiencia analítica, según Miller (1997), consta de tres niveles: la
    avaluación clínica, la localización subjetiva y la introducción al inconsciente. En una
    consulta de un hospital, podría pensarse que el paciente se encuentra dentro de la
    avaluación clínica. Como sucede en el caso de A. es ella quien comienza contando
    sobre sus síntomas, es quien de alguna manera avala su síntoma, lo valida en su
    relato. Para poder hablar a nivel de la localización subjetiva, habría que pensar en
    un paso más que se obtendría con el pasar de las sesiones, donde se pueda
    identificar la posición del sujeto frente a su síntoma. En una primera consulta
    observada, no se puede decir que ya se haya podido identificar cuál es su posición
    frente a su padecimiento, el sujeto se presenta con un vacío de sentido, que deberá
    ser llenado en el transcurso de un análisis.
    Según Miller (1997), dentro de un análisis se escuchan varias voces, que no
    son todas propias del paciente. Muchas veces se habla en nombre de un familiar, un
    amigo, una pareja, pero lo que se debe rescatar es la voz del paciente. Esta
    variabilidad en los discursos produce un cambio de posición en el sujeto de forma
    continua. Puede ser el caso de la paciente elegida, en donde algo de ese discurso
    tomado como propio no le pertenezca, sino que sea algo que lo dijo otro, y lo tomó
    como propio de forma inconsciente. Por eso no se implica en lo que le sucede y
    adopta la posición pasiva.
    El caso clínico elegido podría ser compatible con una neurosis histérica.
    Miller (1997), hablaba de la histeria como una estructura que se caracteriza por la
    falta en ser y pone su foco en el Otro. A. es una paciente que refleja en su relato
    esta falta propia de la histeria: no tiene afecto, no tiene familia, no tiene un marido y
    no tiene salud. Soler (1985), decía que el sujeto histérico se completa con la falta
    del Otro. Es como si A. obtuviera un beneficio en esta inconsistencia que acusa de
    su entorno, y en cada situación angustiante que relata.
    27
    En relación al concepto de urgencia, Sotelo (2015) plantea que en un caso
    clínico de un hospital habría que preguntarse, en primer lugar, de quién es la
    urgencia, de donde proviene. La paciente de la viñeta llega al hospital en
    condiciones de desesperación y por su propia voluntad, así que se puede inferir que
    la urgencia proviene de ella misma y no por derivación de otros. Este acercamiento
    deja en evidencia la transferencia que se produjo desde un principio con la
    institución.
    Así mismo, la autora clasificó a la urgencia en dos tipos, la urgencia
    generalizable y la subjetiva. Podría pensarse en el caso de A. que la urgencia
    generalizable de la paciente se ubica como todo lo que va comentando sobre su
    padecimiento: depresión, problemas para dormir, tendencias suicidas, miedo a
    operarse y mucha confusión. Todos estos síntomas o acontecimientos son comunes
    a todos los sujetos, se suelen ver de forma repetitiva en el hospital o en un
    consultorio, por lo cual deben ser interpretados para obtener la subjetividad de cada
    uno y poder hacer algo con ellos. Estos síntomas por sí solos no significan nada, es
    cuando se introducen en un análisis en donde se conduce hacia una localización
    subjetiva.
    Sotelo (2015), pone el foco en poder ubicar la urgencia subjetiva de un
    paciente, que se construye a través del señalamiento del analista. En el caso de A.,
    se podría ubicar parte de su posición subjetiva cuando dice que quedó con el
    corazón destrozado a raíz de haberse mudado a Italia con su hermana. Se observa
    en su discurso algo referido al merecimiento, al amor no recibido, el no encontrar lo
    que ella esperaba. Hay una idea de que siempre algo le falta en relación a lo que
    recibe del Otro, hay algo insuficiente, una demanda insaciable en varios aspectos de
    su vida. La urgencia subjetiva se muestra como la angustia frente a todo lo que le
    sucede y las consecuencias que esto le trajo, haciendo referencia también a un
    intento de suicidio que tuvo en una oportunidad. Además, estas tendencias siguen
    presentes en su vida, comentó que en algunas ocasiones aún se le vienen a la
    mente.
    Siguiendo con Lombardi (2008), él remarcaba la importancia de la
    interpretación dentro de un análisis. A través de ella, el analista logra dar alguna
    idea de significación sobre el significante del síntoma. Y gracias a este proceso de
    interpretación, se instala la transferencia, ya que el paciente cree o tiene la ilusión
    que el analista tiene en su saber todos los saberes para su cura. Durante la
    28
    entrevista de A. se pueden destacar varios instantes de interpretación que realiza la
    analista y que producen algún efecto en la paciente. Uno de ellos se presenta
    cuando la paciente dice: “Yo no pude darle hijos a mis padres” y la analista
    interviene diciendo: “hijos?”, a lo que se corrige y dice: “perdón, nietos”. Este
    ejemplo podría dejar en evidencia una sensación de deuda con sus padres, y a
    través de esta interpretación, producir un cambio en esa mirada que tiene A. con
    respecto a lo que fue su vínculo con ellos. Siguiendo a Freud, se podría pensar en
    que pudo ser un acto fallido, una formación del inconsciente que deja en evidencia
    algo que fue reprimido.
    Estas preguntas que realiza la analista pueden provocar un acercamiento
    hacia una significación, a dar sentido a algo que antes no se comprendía o
    desconocía. Otro ejemplo de interpretación que pudo ser clave en la entrevista es
    cuando la analista le pregunta a la paciente: “quien no se daba cuenta?” haciendo
    alusión a su situación postoperatoria, y ella responde “nadie”. Estas interpretaciones
    verifican la posición del sujeto respecto de su síntoma, la paciente se siente como
    una persona que no fue cuidada ni por los médicos, ni su familia, ni su marido. Pero
    esto no es solo cuestión de su presente, sino que cuando habla de sus padres, el
    discurso se repite: no fue cuidada ni querida por ellos.
    Dentro del sujeto neurótico se produce una pregunta: ¿Qué me quiere el
    Otro? o ¿Qué quiere el Otro de mi? Torres (2014) planteaba la idea de la falta en
    ser, el lugar del Otro que nunca se completa. Y esto puede verse en el caso de A.,
    que denuncia esa falta en el Otro en varios momentos de la entrevista: los médicos
    que hicieron mal su trabajo, la familia que no la cuido, el marido que no se preocupó
    por ella, la hermana que no le dio afecto en su viaje.
    Se ve muy marcada la posición histérica de preguntarse a sí misma por qué
    le pasa lo que le pasa y el deseo insatisfecho. En el momento en que la analista le
    pregunta qué es lo que le hubiera gustado recibir el día que festejó su cumpleaños,
    ella responde que esperaba afecto. ¿Qué es el afecto para ella? ¿Qué esperaba
    encontrar en su mudanza? ¿De qué manera hubiera podido sentir el afecto? ¿Por
    qué le exige su modelo de familia ideal a su hermana? ¿Por qué no nombra a sus
    padres en esa demanda? En las respuestas de algunas de estas preguntas podría
    encontrarse algún elemento clave para poder ubicar su rectificación subjetiva.
    El deseo insatisfecho en la paciente se podría ubicar en esa familia que
    nunca tuvo, al cariño que nunca recibió. La paciente dice que ella desea una familia,
    29
    pero cuando viaja a Italia se da cuenta que eso que desea no está, o al menos, no
    de la forma que ella quisiera. Su deseo no coincide con su demanda, lo que pide no
    es lo que aparentemente desea. El modelo de familia que ella dice querer pareciera
    que es difícil de obtener, ya que tiene algunas limitaciones, sus padres están
    fallecidos, está separada de su marido, una infertilidad que le impide tener hijos
    propios, su hermana vive en otro país. Y como plantea Torres (2014), de esta
    manera mantendrá siempre vivo su deseo.
    La falta en el Otro es muy clara y domina el discurso de la paciente a lo largo
    de toda la sesión. Se produjo en su discurso una denuncia de la inconsistencia del
    Otro. Todo su relato está cubierto por la falta. La hermana de A. es ese Otro
    incompleto, al igual que sus sobrinos, sus padres, su ex marido, y los médicos. Esto
    produce un deseo eterno de deseo, un deseo interminable. Así logra cubrir su propia
    falta con la falta del Otro.
    Soler (1985), plantea al histérico como un sujeto que le dice no al significante
    cuando se trata de identificarse allí. A. pareciera no poder identificarse en el
    significante del amor, dice ser la hija no querida, la hermana maltratada, la mujer
    dejada. El sujeto histérico padece su posición, dice Soler (1985), se formula por el
    “estoy vacío”, y el “no se”. No se puede ubicar en la paciente lo preciso en su deseo,
    ha hablado en términos generales, tampoco sabe ubicar qué es lo que desea de
    forma precisa. Ahí se puede ver su posición subjetiva.
    Sería interesante, con el pasar de las entrevistas, ver el avance en la
    paciente y poder conducirla hacia una nueva posición frente a su síntoma. El destino
    final es siempre el mismo: la rectificación subjetiva. “Yo se que no tengo nada” habla
    de un terreno desconocido, de un significante suelto, de una falta de sentido. Se
    espera un largo recorrido analítico para que pueda salir de ese lugar de goce que
    provoca el significante “yo soy”.
    “El neurótico curado ha devenido en realidad otro hombre, aunque en el
    fondo, desde luego, siga siendo el mismo: ha devenido lo que en el mejor de los
    casos y bajo las condiciones más favorables podía devenir. Pero esto es mucho.
    Cuando sepan todo lo que es preciso hacer y el esfuerzo que se requiere para
    implantar esa alteración en apariencia tan ínfima de su vida anímica, advertirán la
    importancia que posee esa diferencia de nivel psíquico” (Freud 1916, p 396).
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    X. Conclusión:
    A partir de lo trabajado, se buscó como objetivo describir y analizar el
    proceso de subjetivación de la urgencia en el dispositivo analítico en relación a un
    caso clínico de un hospital. Los conceptos elegidos como la urgencia, la
    interpretación, la transferencia, el sujeto supuesto saber y la localización subjetiva,
    han permitido enmarcar el análisis teórico clínico del caso elegido.
    Se pudo confirmar la hipótesis: el proceso de subjetivación se logra a través
    de las intervenciones del analista, para así poder ubicar la posición de la
    enunciación del paciente respecto a su padecimiento. Es a través de las
    herramientas y pasos a seguir que proponen los grandes autores del psicoanálisis
    que se posibilita el camino hacia la subjetivación. Este proceso es importante e
    imprescindible para la entrada en un análisis.
    Durante la cursada de la práctica profesional “Clínica de la Urgencia” se han
    visto muchos casos diversos, sin embargo, fue llamativo este en particular que se
    tituló “Yo se que no tengo nada”, porque dejó en evidencia varias de las teorías
    seleccionadas en esta Tesis para el análisis de las neurosis.
    El título fue elegido en base a una frase textual que fue repetida por la
    paciente en referencia a algo que, en su momento, era insignificante. Como se
    mencionó anteriormente, esta frase refleja ese vacío de sentido que luego será
    unido a otro significante. En principio, si bien el caso fue seleccionado sin ninguna
    intención particular, se tomó nota de esta frase dicha por la paciente, y terminó
    sirviendo como ejemplo para presentar el discurso del vacío que remarca la histeria:
    una paciente que declara no tener nada, y que pondrá en cuestión a todos los que la
    rodean, aquellos que sí tienen.
    31
    XI. Bibliografía:
  • Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. Vol XII. Buenos Aires:
    Amorrortu.
  • Freud, S. (1916). 27a conferencia. La transferencia. En Obras Completas,
    Vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1917-1919). Nuevos caminos de la terapia analítica. En Obras
    Completas, V
  • Lacan, J. (1958). La dirección de la cura y los principios de su poder. Capítulo
    1 (puntos 1, 2 y 3), capítulo 4 (punto 7), Escritos 2. Buenos Aires: Siglo XXI
    Editores.ol. XVII. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
  • Lacan, J. (1964). El Seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales
    del psicoanálisis. Clase XII. Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J. (1964-65). Clase del 5 de mayo de 1965. En El Seminario. Libro 12:
    Problemas cruciales del psicoanálisis.
  • Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en
    psicoanálisis. Capítulo I: Palabra vacía y palabra plena en la realización
    psicoanalítica del sujeto. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI. pp. 237-249.
  • Lombardi, G. (2008). La función primaria de la interpretación. Hojas clínicas
    Compilación. Buenos Aires. JVE.
  • Miller, J. (1997), Introducción al Método Psicoanalítico. Editorial Elolia-Paidós.
    Buenos Aires.
  • Soler, C. (1985). La elección de la neurosis. En Finales de análisis. Buenos
    Aires: Manantial.
  • Soler, C. (2007). El rechazo del inconsciente. En ¿Qué se espera del
    psicoanálisis y del psicoanalista? Buenos Aires: Letra Viva. pp. 239-254.
  • Sotelo, I. (2015), DATUS. Dispositivo Analítico para Tratamiento de Urgencias
    Subjetivas”. Buenos Aires: Grama Ediciones.
  • Sotelo, I. (Compilador) (2009) “Perspectivas de la clínica de la urgencia”
    Buenos Aires, Grama Ediciones.
  • Sotelo, I, Belaga G. (2009) Trauma, ansiedad y síntoma: lecturas y
    respuestas clínicas en I Sotelo (compiladora) Perspectivas de la Clínica de la
    Urgencia Buenos Aires Grama ediciones.
  • Sotelo, I. (2007) Clínica de la urgencia. Buenos Aires, JVE Editores, 2007.
  • Torres, M. (2014), Clínica de las neurosis, Editorial Grama, Buenos Aires.
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